Discurso del Obispillo – Parroquia de San Vicente

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo

          Esta vez, me ha correspondido a mi representar a los niños de la Escolanía “Pueri Cantores” de la Catedral, en calidad de “OBISPILLO”,  por haber sido elegido por mis compañeros entre los que hemos hecho la Primera Comunión este año.

            Quiero, en primer lugar, transmitiros  la ilusión de estar hoy aquí en mi  parroquia de San Vicente, gracias a Mario y a Puri por la invitación; y gracias a Amador, a Nerea, a Tania, a todos mis compañeros y a los padres de la Escolanía por hacerlo posible.

            Este año está siendo muy difícil, pero no por ello vamos a perder la ilusión de hacer lo que más nos gusta: cantar. Hemos estado muchos meses sin ensayar, sin cantar en la Catedral ni en ningún lugar, sin vernos, sin poder jugar entre nosotros. Y aunque seamos niños, somos conscientes del problema que estamos atravesando. Y lo sabemos porque hemos visto la cara de preocupación de nuestros padres, profesores y amigos. Pero sobre todo, porque no hemos podido abrazar a mucha gente que queremos, como nuestros abuelos.

          Es por ello, por lo que he dicho antes, que no me quiero olvidar de lo que estamos viviendo durante este casi ya año de pandemia, de todas las personas que han perdido a un ser querido, o que se han quedado sin trabajo por culpa de ella. Les pido que todos recemos por ellos y porque todo esto pase y nos podamos quitar las mascarillas, abrazar, besar y hacer lo que siempre hacíamos. Hemos aprendido a convivir con estas carencias y, también, hemos aprendido que la cosa más pequeña del mundo, puede parar nuestra forma de vida. 

           Por mi parte y como niño que soy, quiero pedirle al Niño Jesús, algo que le pido cuando rezo todas las noches, y  es que todos los niños podamos seguir disfrutando del amor, protección, y educación de nuestros mayores, y con el esfuerzo de todos, creyentes o no creyentes, conseguir que no haya niño en el mundo que sufra las injusticias a las que por desgracia, muchos se ven sometidos. Somos el futuro, el futuro de la Iglesia, del pueblo de Dios, de la humanidad entera, en nosotros está la solución a los problemas del mundo, pero eso sí, no podemos caminar solos, para ello necesitamos de los adultos, adultos coherentes y entregados, atentos a nuestras necesidades y dispuestos a escucharnos. Ojalá que Dios conceda al mundo la gracia, la inocencia, la alegría, la ilusión, con que los niños vivimos la vida, y la misma alegría e ilusión con que represento este año al Obispillo de esta para mi, querida Escolanía. Pediremos al Niño Jesús que nos escuche en todas nuestras plegarias.